¡No te escucho!
¡No puedo escucharte!
Pero te temo sin verte.
Aunque me gustaría saber dónde estás.
Ahora.
Me atormentás y te vas riendo.
Y yo quedo desolada.
Con marcas en mis manos.
Tu esencia, el ácido más agresivo.
Qué cósmicas nuestras miradas.
Tentando al vacío con tus lágrimas.
¡Ay, si lo supieras!
Que mi visitas no escasean en tu vejez.
Que la vida misma me puso acá, en este tablero.
¿Y quién soy yo para juzgar a la vida con solo palabras desoladas?
¡Ay, que si lo supieras!
Nunca me habrías pedido que bajara, con vos el camino es solo hacia arriba.
Adelante.
Al Cielo.
Pero... El Infierno...
La tentación y el juego mutuo.
¡Y la vida, mi amor, arde más que las llamas eternas!
Y el rumbo del viento...
¿Es que acaso existe?
Son solo alardes de una vida sin brillo.
Pero tu mirada...
Lago profundo que no querés salir.
Y que revalsás de nostalgia.
Siempre andarás en mí...
Siempre andarás.
Mistress Loveless.
De repente vi todo rojo.
Sé que pensás en mí cuando estás con ella.
Dentro de ella...
Y debe ser difícil para vos negarlo.
Ocultarlo...
¿Por qué?
¿Qué es lo que tengo que hacer?
Lloraba sangre expuesta en un respiro de tu ser.
Y me ignoraste con todas tus cualidades.
¡Qué grato!
¡Qué grato!
Cuando arañe tu piel en un grito desgarrador sabré que estuviste pecando en mi nombre.
¡Y mi nombre manchado!
Qué desdicha la mía de amar a un solitario.
¡Y cuánto deseé enternecer tu carne!
¿Acaso pasaste detrás mío?
¿Dónde estás ahora?
¿Tomando mi mano, acariciando mi piel, besándome?
Te veo...
Te veo cerca del alba.
¿Por qué no me llevás con vos?
Quiero huir de mi voz y hundirme en tus cuerdas vocales.
Dos cuerpos en una sola alma.
¿Cuántos años fueron los que vagaste en este mundo errante?
Tan solo doscientos años hundiéndote de a poco.
Y los quiero con vos.
Mistress Loveless.